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SER DIOS

SER DIOS

Hay días en que Dios se duele de lo mal que ha hecho algunas cosas; de la fealdad y la ordinariez que desborda el mundo. O acaso, presuntuoso, se dice que Él no hizo las cosas y los hombres para que se hayan vuelto así, que hayan tomado esas formas y, por tanto, esos contenidos (en secreto, se dice que también esto es su Obra, pero no lo divulga para no crear zozobra o pesimismo, o tal vez lo hace y no nos damos cuenta).

Aburrido quizás, tal vez enojado con Él mismo o con sus criaturas (hechas a Mi imagen y Semejanza, maldice por derecho propio, de a ratos), hay días en que quiere enmendarse la plana, corregirse, y con probabilidad también desea recordarnos que todo no tiene por qué ser así. O, al menos, no necesariamente tiene que ser así siempre, todos los días. Recuerda una frase y admite su envidia por ella: La vida es, a menudo, de un deplorable realismo socialista. Entonces, en esos días de Corrección, o simplemente harto, junta once tipos, les da una pelota y sopla con el entusiasmo de los antiguos días, cuando Él también pensaba que Todo era posible.

Es cuando aparece el Barcelona de anoche apabullando al ordinario Madrid, con las armas Divinas más queridas: Tiempo y Espacio. Todo, entonces, es un tinglado donde el recorrido por Uno se hace con la precisión del Otro, juntos, y la vida encuentra su razón en la belleza, en el juego, en la alegría y en la elegancia. Una película de hora y media, tan pasajera como eterna, donde volvemos a ser Hombres dignos y felices. Tal vez los del Sueño original, piensa o recuerda Dios, y por un rato sonríe sin aburrirse, sin dolor en el hígado.

Roberto Pagés, escritor argentino residente en Luxemburgo

30-11-2010